Hasta dónde se nota la marea en el estrecho de Gibraltar
De 2,81 m en Cádiz a 4 cm en Formentera: cómo se apaga la onda atlántica al entrar en el Mediterráneo.
En Cádiz el mar sube y baja casi tres metros. A menos de ciento setenta kilómetros en línea recta, en Málaga, medio metro. En Valencia, cuatro centímetros. Entre medias está el estrecho de Gibraltar, que es donde la marea atlántica se queda casi entera fuera.
Este artículo sigue esa pérdida punto por punto, con las carreras que publica el propio sitio, y explica las dos cosas que la provocan.
El recorrido, en cifras
Carrera de marea en mareas vivas, saliendo del golfo de Cádiz y entrando en el Mediterráneo:
| Localidad | Provincia | Vivas | Máxima |
|---|---|---|---|
| Cádiz | Cádiz | 2,81 m | 3,87 m |
| Tarifa | Cádiz | 1,15 m | 1,61 m |
| Algeciras | Cádiz | 0,89 m | 1,24 m |
| Ceuta | Ceuta | 0,83 m | 1,20 m |
| Málaga | Málaga | 0,53 m | 0,84 m |
| Motril | Granada | 0,43 m | 0,74 m |
| Almería | Almería | 0,27 m | 0,55 m |
| Cartagena | Murcia | 0,13 m | 0,41 m |
| Alicante | Alicante | 0,06 m | 0,37 m |
| València | Valencia | 0,04 m | 0,39 m |
| Formentera | Illes Balears | 0,04 m | 0,37 m |
Queda el 41 % en Tarifa De los 2,81 m de Cádiz a los 1,15 m de Tarifa hay poco más de cien kilómetros de costa. Ahí se pierde más de la mitad de la marea, antes incluso de entrar en el Mediterráneo.
Y la caída continúa dentro: Algeciras, Ceuta y Málaga ya están por debajo del metro, y a partir de Cartagena la carrera baja de los veinte centímetros, que es más o menos el umbral en que la marea deja de verse a simple vista en la orilla. En Formentera son 0,04 m: la altura de un dedo.
Por qué se pierde ahí
La marea del Atlántico es una onda enorme y lenta que barre el océano. Para llegar al Mediterráneo tiene que pasar por una puerta que mide unos 14 km en su parte más estrecha, entre Tarifa y la costa marroquí, y que además tiene el fondo levantado: el umbral de Camarinal, donde el suelo sube a unos trescientos metros de profundidad frente a los más de mil que hay a un lado y a otro.
Una onda de marea de esas dimensiones no cabe por ahí. Pasa una fracción pequeña, y la que pasa se disipa en la turbulencia del propio estrecho. Es el mismo mecanismo que en otras costas actúa al revés: cuando la onda entra en una bahía que se estrecha y se hace somera, se amontona y crece; cuando encuentra un cuello de botella hacia una cuenca cerrada, se queda fuera.
La segunda razón es que el Mediterráneo tampoco puede fabricar la suya. El tirón de la Luna sobre sus aguas existe, pero para levantar metros de agua hace falta una extensión oceánica sobre la que acumularlos. Un mar de 3.800 km de largo no la tiene, y lo que genera por su cuenta se mide en centímetros.
Qué es la carrera de marea De 3,60 m en Avilés a 4 cm en Formentera, y qué hace que un sitio tenga marea grande.Poca marea arriba, mucha corriente abajo
Que la marea sea pequeña dentro no significa que por el Estrecho pase poca agua. Significa lo contrario: toda el agua que entra y sale tiene que apretarse por catorce kilómetros, y eso son corrientes de marea fuertes, que cambian de sentido cada seis horas y que cualquiera que haya cruzado a Ceuta o Tánger conoce.
Esas corrientes se montan sobre otro fenómeno permanente del Estrecho, que no tiene nada que ver con la Luna: por arriba entra agua atlántica, menos salada, y por debajo sale agua mediterránea, más salada y más densa, que se ha ido concentrando por evaporación. La marea no crea ese intercambio, pero lo acelera y lo frena dos veces al día.
El umbral de Camarinal fabrica olas por debajo del mar. Cuando la corriente de marea empuja con fuerza sobre ese escalón del fondo, se generan ondas internas en la frontera entre las dos capas de agua: olas de decenas de metros de altura que viajan hacia el Mediterráneo sin que en la superficie se vea más que un rizado. Se distinguen en las imágenes de satélite del Estrecho, y son uno de los sitios del mundo donde mejor se estudia el fenómeno.
Lo que queda en el Levante ya no es lo mismo
Al final del recorrido pasa algo curioso, y se ve en las tablas. En el Atlántico hay dos pleamares y dos bajamares diarias, muy regulares. Frente al Levante y en Baleares, el constituyente semidiurno principal —el que produce ese ritmo de dos veces al día— se anula casi por completo, y lo que sobrevive es sobre todo el componente diurno.
El resultado son localidades donde hay días con una sola pleamar y una sola bajamar, cosa impensable en el Cantábrico. El factor de forma que publica cada localidad es precisamente el número que mide esa transición, y en la costa valenciana cruza el umbral de lo diurno.
Con carreras de tres o cuatro centímetros, la consecuencia práctica es que el nivel del mar del Mediterráneo español lo decide la meteorología, no la astronomía. Un temporal de levante o una borrasca profunda mueven el agua bastante más que la Luna, y eso ninguna tabla de mareas lo predice: las tablas son astronomía pura, y aquí la astronomía es la parte pequeña.
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