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Los bufones de Llanes: chimeneas que soplan el mar

Columnas de agua que salen de la tierra a cien metros del acantilado, y por qué necesitan pleamar y mar de fondo a la vez.

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En la costa oriental de Asturias hay praderas a cien metros del acantilado donde, de repente, sale del suelo una columna de agua pulverizada de veinte metros con un bramido. No hay mar a la vista desde ahí: el mar está debajo, metido por una cueva, y lo que se ve salir es el aire que empuja delante.

Son los bufones. Y no funcionan siempre: hacen falta dos cosas a la vez, y solo una de ellas viene en la tabla de mareas.

Qué es un bufón

Esta costa es de caliza, y la caliza se disuelve. El agua de lluvia lleva milenios abriendo conductos verticales desde la superficie hacia abajo, mientras el mar excavaba cuevas horizontales por la base del acantilado. Cuando un conducto y una cueva se encuentran, queda una chimenea que conecta el mar con la pradera de arriba.

A partir de ahí el mecanismo es un pistón. Cada ola que entra en la cueva comprime el aire que hay dentro; el aire no tiene otra salida que la chimenea, y sale disparado arrastrando el agua pulverizada que encuentra por el camino. Con mar tranquila, el bufón respira: se oye un soplido y sale vaho. Con mar gruesa, dispara.

Las dos condiciones

3,48 m de carrera en vivas Lo que sube y baja el mar en esta costa, medido en Gijón. Esos tres metros y medio son la diferencia entre que la ola entre por el techo de la cueva o pase por debajo: por eso el mismo sitio, el mismo día, sopla a una hora y no a otra.

La combinación que hay que buscar es pleamar con coeficiente alto y mar de fondo del norte. La primera parte se sabe con años de antelación y está en la tabla de Llanes. La segunda solo se sabe con unos días, y hay que mirarla en el parte de oleaje: es exactamente lo que una predicción de marea, que es astronomía pura, no puede decirle.

Qué es el coeficiente de marea Para elegir el día en que la pleamar llega más arriba.

Dónde están

Se reparten por la rasa costera entre Ribadesella y la frontera con Cantabria. Los más conocidos:

Ir sin llevarse un susto

El sitio es más peligroso de lo que parece, precisamente los días buenos. La rasa está agujereada, sin barandillas, y las bocas no se ven hasta que se está encima. La roca mojada por el salitre resbala mucho. Y el día que el bufón funciona de verdad es un día de temporal: acantilado, viento y olas que barren la plataforma. Se mira de lejos y por detrás, nunca asomado al agujero ni entre la boca y el borde del acantilado.

El mismo mar, otra obra

Los bufones son el resultado de que el Cantábrico ataque siempre la misma franja de acantilado, la que la marea pone al alcance de las olas. Esa misma franja, unos cientos de kilómetros al oeste, es la que ha vaciado los arcos de la Praia das Catedrais. Distinta roca, distinto resultado, idéntico mecanismo.

La playa que solo existe en bajamar Los arcos de Ribadeo y cómo elegir la marea para pisarlos. Ver las pleamares de Llanes Horas, alturas y coeficiente del día para planificar la visita.