Los molinos de marea: moler con el agua que deja la bajamar
Se llenaban con la pleamar y molían mientras el mar se retiraba, así que el molinero trabajaba cincuenta minutos más tarde cada día.
Un molino de agua corriente necesita un río. Un molino de marea no: le basta con que el mar suba y baje. Se cierra la boca de un caño o de una ensenada con un muro, se deja entrar el agua con la pleamar, se encierra, y cuando el mar se retira se suelta por un canal estrecho contra la rueda. La energía es la misma de siempre —agua que cae—, solo que el depósito lo llena la Luna dos veces al día.
En la costa española hay decenas de ellos, casi todos parados desde hace un siglo, y unos cuantos restaurados y visitables. Son, junto con los corrales de pesca, la arquitectura que mejor explica de qué sirve una carrera de marea.
Cómo funcionaba
- Llenado. Con la marea subiendo, el agua empuja unas compuertas de charnela y entra sola en la caldera —el estanque que hay detrás del muro—. Nadie tiene que hacer nada.
- Cierre. En la pleamar el mar deja de empujar y empieza a retirarse; las mismas compuertas se cierran por la presión del agua embalsada. La caldera queda llena y el mar, fuera, bajando.
- Molienda. Se abre el saetín, el agua sale con fuerza contra el rodezno y la muela empieza a girar. Se muele mientras haya desnivel entre la caldera y el mar, es decir, durante la bajamar y hasta que el mar vuelve a subir.
2,81 m de salto, dos veces al día La carrera en mareas vivas de Cádiz es todo el desnivel con el que podía contar un molino de la bahía. Poco salto y mucho caudal: por eso las ruedas eran anchas y lentas, no altas.
Cada marea daba unas cinco o seis horas de trabajo útil, y como cada día la marea llega unos cincuenta minutos más tarde, el horario del molinero giraba con ella. Se molía de madrugada la semana que tocaba de madrugada. Es probablemente el único oficio de tierra firme cuyo turno lo fijaba la astronomía.
Por qué la marea llega cada día más tarde Los cincuenta minutos que le movían el turno al molinero.Y el coeficiente decidía la jornada
Con mareas vivas la caldera se llenaba más y el mar bajaba más: más salto, más horas de molienda y más grano molido. Con mareas muertas, apenas la mitad de carrera y una jornada corta. El coeficiente de marea, que hoy se mira para saber si habrá arenal, era entonces una previsión de producción.
Dónde se ven
Necesitaban dos cosas: carrera suficiente y una costa de marismas, caños o rías donde embalsar sin obra faraónica. Eso los concentra en el Atlántico y el Cantábrico.
- Bahía de Cádiz. El terreno perfecto: caños, esteros y salinas. El molino del Río Arillo, en San Fernando, está considerado uno de los mayores de Europa, y el del Zaporito, en el mismo término, es de los más reconocibles del conjunto.
- Cantabria. El molino de Santa Olaja, en Arnuero, está restaurado y en funcionamiento como centro de interpretación: es el sitio donde mejor se entiende el mecanismo viéndolo moler.
- Galicia. Los muíños de mareas aprovechan el fondo de las rías; el de Acea de Ama, en Culleredo, es el ejemplo más conocido de la ría de A Coruña.
Fuera de España la costumbre es la misma en toda la fachada atlántica europea: Bretaña llena de moulins à marée, el estuario portugués del Tajo, y en Inglaterra el molino de Woodbridge, en Suffolk, que sigue moliendo harina con la marea a día de hoy.
Por qué desaparecieron
No porque dejaran de funcionar. Un molino de marea es fiable como pocas cosas: la marea no se seca en agosto ni se hiela en enero, y viene todos los días con hora conocida. Lo que los mató fue el vapor primero y la electricidad después, que molían más rápido, sin depender de la hora y sin pedir una marisma entera.
Quedaron los muros. Muchos siguen ahí, medio cubiertos por la vegetación de la marisma, y se distinguen bien desde el aire: una línea recta cerrando una ensenada, con un hueco en el medio por donde el mar sigue entrando y saliendo dos veces al día, ya sin moler nada.
Para verlos hay que ir con marea baja. La estructura —el muro, las compuertas, el canal de salida— solo queda al descubierto cuando el agua se retira; en pleamar muchos parecen simplemente un dique inundado. Un coeficiente alto y la hora de la bajamar de esa localidad es toda la planificación que hace falta.